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Bioética y Profesionalismo

Grupo Bioética

On cultivating the courage to speak up: the critical role of attendings in the moral development of physicians in training

Yerramilli D. Hastings Cent Rep. 2014 Sep;44(5):30-2. doi: 10.1002/hast.355

El presente artículo hace un llamamiento a la necesidad de mejorar en la docencia de las competencias en bioética de los médicos en formación, tanto estudiantes como residentes. Esta responsabilidad implica de manera directa a los médicos adjuntos, a quienes es imprescindible formar más profundamente en bioética clínica, y quienes deben tomar parte activa en la educación moral de los futuros médicos.

Existe una corriente generalizada que asume que la formación moral y bioética de los médicos se limita a la asistencia a una asignatura (generalmente de importancia menor) en la facultad, y/o a algún que otro seminario sobre temas relacionados con los confines de la vida, como el aborto o la limitación del esfuerzo terapéutico. Una vez los médicos en formación toman contacto con el hospital, se entiende que adquieren el resto de sus habilidades bioéticas y su entrenamiento moral simplemente por “existir entre las paredes del hospital”. Si bien en otros ámbitos de la docencia médica existe una transición más o menos “natural” entre lo que se aprende en los libros y las manifestaciones correspondientes en la clínica, el aprendizaje sobre cómo deliberar sobre cuestiones bioéticas del día a día se basa fundamentalmente en la observación e imitación de roles. Los estudiantes y residentes van a aprender a deliberar sobre problemas bioéticos directamente de sus modelos, que son los médicos adjuntos. Sin embargo, en demasiadas ocasiones, estas deliberaciones ocurren 1) a puerta cerrada, lejos del entorno del paciente y 2) de manera monológica, con el adjunto exponiendo su punto de vista, al que el resto del equipo debe, naturalmente, asentir. En palabras de la autora, “aunque una gran parte de mi educación médica iba a ocurrir a la cabecera del paciente, la mayor parte de mi educación ética se desarrollaría a puerta cerrada”.

Sería erróneo por nuestra parte asumir que la “pelota” de la educación en bioética y en habilidades no formales debería recaer exclusivamente sobre el estudiante o el residente. Es esencial que los médicos adjuntos reconozcan la necesidad de recibir formación continuada de calidad en bioética, que entiendan la importancia de mejorar sus competencias en comunicación y en deliberación moral, y que estén dispuestos a transmitirla de manera activa a los futuros médicos. Esto no es fácil, porque exige la creación de un clima de trabajo que promueva la discusión de los diversos problemas morales que plantea la asistencia diaria (¡que son muchos!). Mientras los médicos no comprendamos esta necesidad, y las instituciones no promuevan la formación en este campo, estas lecciones quedarán sin enseñar.

Diego Real de Asúa 
Internista y Magister en bioética