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Información para pacientes

Esquizofrenia

Esta información ha sido elaborada por el grupo de Educación en Salud para la Ciudadanía de la Sociedad Española de Medicina Interna. Pretende que los enfermos conozcan mejor sus enfermedades. 

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¿En qué consiste la enfermedad?

La esquizofrenia es una enfermedad mental grave que afecta algunas funciones cerebrales tales como el pensamiento, la percepción, las emociones y la conducta.

En cuanto a sus síntomas se engloba dentro de los trastornos psicóticos, aquellos en los que las pacientes pierden el contacto con la realidad. Suelen presentar delirios, alucinaciones, alteraciones en el pensamiento que a veces se les desorganiza, en la afectividad, en la conducta, y en la cognición.

¿Podría haberla evitado, y qué debo decir a familiares y amigos para que no la tengan?

Los factores hereditarios desempeñan un papel muy importante en la esquizofrenia, lo que dificulta la posibilidad de prevenirla. Tienen predisposición genética las personas cuyos padres sufren o han sufrido esquizofrenia.

Los factores sociales y psíquicos como el estrés, los traumas y los acontecimientos estresantes también pueden contribuir a la aparición de la enfermedad. Por eso se recomienda a las personas con predisposición genética que eviten tanto como sea posible el estrés.

Las personas con predisposición genética también pueden prevenir la esquizofrenia evitando el consumo de drogas, ya que, sobre todo los alucinógenos como el LSD, pueden desencadenar una psicosis esquizofrénica.

¿Qué debo hacer ahora para mejorarme?

El psiquiatra debe definir el diagnóstico y ofrecer tratamiento. Para el diagnóstico de la esquizofrenia es necesario que varios de los síntomas característicos de la esquizofrenia permanezcan durante, como mínimo, un mes (o menos si ha sido tratado con éxito).

No existen pruebas específicas para diagnosticar la esquizofrenia. Por eso, primero el médico debe descartar otras enfermedades que podrían explicar también los síntomas del paciente. Puede realizar una serie de pruebas y exploraciones importantes. Entre ellas se encuentran: la historia clínica (anamnesis), la exploración física, un hemograma y exploraciones complementarias del cerebro: como, por ejemplo, una electroencefalografía (EEG) y estudios de imagen (RM, TC).

Luego planteará las opciones terapéuticas:

El tratamiento de la esquizofrenia considera los múltiples factores que pueden estar implicados en su desarrollo. Por este motivo, se trata de un enfoque terapéutico multidimensional. Este abarca tres componentes: tratamiento con psicofármacos, Psicoterapia y Socioterapia

La terapia con psicofármacos es el pilar principal del tratamiento, especialmente en las fases agudas de la esquizofrenia, en las que los psiquiatras recetan neurolépticos (como, por ejemplo, el haloperidol, la clorpromazina y la flufenazina).

Para los pacientes de esquizofrenia que sufren alucinaciones y delirios crónicos es recomendable el consumo continuado de fármacos neurolépticos. Algunos fármacos neurolépticos provocan fuertes efectos secundarios. Existen nuevas sustancias (los llamados neurolépticos atípicos) con buen resultado y menos efectos secundarios (como la olanzapina, la clozapina y la risperidona, por ejemplo).

Si es posible, los pacientes esquizofrénicos reciben un solo medicamento para su tratamiento (monoterapia).

Cuando también aparece una fuerte agitación, ansiedad o intranquilidad, se suma al tratamiento un tranquilizante de la familia de las benzodiazepinas como, por ejemplo, el lorazepam.

Con la psicoterapia de soporte, muchas veces conductual, les ayudan a convivir con su enfermedad.

El tratamiento de la esquizofrenia es especialmente difícil en las fases agudas, ya que los pacientes no comprenden que necesitan ser tratados. Por eso, al principio muchas veces no están dispuestos a trabajar con los médicos y los terapeutas.

¿Cuál es su pronóstico?

Entre el 10 y el 20% de los pacientes se recuperan totalmente tras un primer episodio esquizofrénico.

La esquizofrenia también se puede desarrollar en forma de brotes. El peligro reside en que, tras cada brote, es decir, tras cada manifestación aguda de la esquizofrenia, determinados síntomas pueden permanecer como crónicos (cronificación). Los llamados síntomas negativos son los que más limitan a los afectados. Entre los síntomas negativos se encuentran la falta de estímulo, los trastornos depresivos, la pérdida de interés, los trastornos de concentración y la pobreza emocional. En casos aislados puede ser que los delirios y las alucinaciones (llamados síntomas positivos) no desaparezcan completamente.

En el 35 al 40% de los pacientes, la esquizofrenia se manifiesta de forma recurrente, aunque con un tratamiento adecuado los síntomas desaparecen casi totalmente. En otro 35 a 40%, aparecen con el tiempo síntomas de forma continua como delirios y alucinaciones permanentes. La evolución crónica grave solo se da en un 5% de los casos.

Las investigaciones demuestran que circunstancias específicas pueden influir positivamente en la evolución de la esquizofrenia. Algunas de ellas son las siguientes:

La manifestación de forma aguda de una esquizofrenia (por ejemplo, tras una experiencia traumática) sin que los afectados hayan mostrado antes signos indica un buen pronóstico.

El tratamiento precoz de la esquizofrenia con neurolépticos evita normalmente la evolución crónica de la misma.

Condiciones sociales como una pareja estable y una buena red social son factores que afectan positivamente al curso de la enfermedad.