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Información para pacientes

Glaucoma

Esta información ha sido elaborada por el grupo de Educación en Salud para la Ciudadanía de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI). Pretende que los pacientes conozcan mejor sus enfermedades.

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1. ¿En qué consiste?

El glaucoma es una enfermedad ocular que consiste en un daño del nervio óptico del ojo. El nervio óptico es el lugar por el que se transmite la información visual desde el ojo hasta el cerebro, que es donde se genera la percepción visual. La enfermedad puede afectar a los dos ojos o sólo a uno y puede ser aguda o crónica. Las formas agudas (muy poco frecuentes) suelen provocar dolor, pero el glaucoma crónico, de lejos el más común, no provoca síntomas hasta que con el paso de los años el daño del nervio óptico es avanzado y se puede percibir la pérdida de visión en el campo visual. Aunque hay casos congénitos, infantiles y juveniles, normalmente esta afección aparece relacionada con la edad. 

Merece la pena señalar que el término “glaucoma” engloba una gran cantidad de diferentes situaciones que suelen desembocar en un aumento de la presión intraocular. En el interior del ojo existe un líquido, el humor acuoso, que circula constantemente debido a unos mecanismos de secreción y excreción. Con el tiempo, los sistemas de drenaje pueden no funcionar correctamente, lo cual aumenta la presión interna del ojo. Este aumento de la presión intraocular es lo que provoca un daño irreversible en el nervio óptico. Excepcionalmente, el glaucoma puede aparecer en ojos con la presión intraocular normal. Esto ocurre en nervios ópticos más susceptibles a sufrir algún tipo de daño. También existen personas hipertensas oculares, es decir, que tienen la presión intraocular inusualmente aumentada pero sin daño del nervio óptico, por lo que no se considera que tengan glaucoma y puede ser recomendado su tratamiento o no en función de diversos factores (edad, antecedentes familiares, otras enfermedades oculares, etc).

2. ¿Cómo se diagnostica y cómo se previene?

La cifra de presión intraocular considerada normal oscila entre 10 y 21 mmHg. Sin embargo, esta cifra es únicamente orientativa, muy útil a efectos de cribaje de la población, ya que existe un gran número de personas con cifras mayores a 21 mmHg que no sufren glaucoma. Esto significa que tener la presión intraocular alta no implica obligatoriamente padecer glaucoma. Por un lado, esto se debe a que existen artefactos que alteran las cifras de los aparatos que miden la presión intraocular; además hay diversos modelos y distintos modos de funcionamiento. Por otro lado, hay un número nada despreciable de población con cifras de presión intraocular por encima de 21 mmHg que no sufren ninguna enfermedad.

Aunque es una enfermedad típicamente relacionada con la edad, existen ciertos factores raciales y hereditarios que pueden predisponer a padecerla. Además, los ojos con miopía y ciertas enfermedades generales como la diabetes hacen que el ojo sea más susceptible a tener un incremento de la presión intraocular y padecer glaucoma. Algunas medicaciones, como los corticoesteroides pueden aumentar la presión intraocular.

Ya que es una enfermedad asintomática, se recomienda una revisión de la presión intraocular cada tres o cuatro años a partir de los 40 años, aumentando la frecuencia de las revisiones a anual o bianual a partir de los 60. A los familiares de personas con glaucoma u otras personas con factores de riesgo se les aconseja realizar una revisión oftalmológica periódica a partir de los 35 años. 

3. De aquí en adelante, ¿qué debo hacer?

Una vez que una hipertensión ocular o un glaucoma son diagnosticados se debe seguir un tratamiento para disminuir la presión intraocular ya que eso ralentiza espectacularmente el deterioro progresivo del nervio óptico (con la consecuente pérdida de campo visual). Salvo excepciones, el tratamiento inicial del glaucoma crónico consiste en la aplicación de gotas en el ojo. Existen varios fármacos distintos con dicho efecto que se pueden utilizar de modo aislado o en combinando unas con otras. En cada persona habrá que elegir el colirio más adecuado en función de las enfermedades oculares y generales que padezca, edad y estilo de vida. Si el tratamiento con colirios no es suficiente para alcanzar la normalidad de la presión intraocular o para detener el daño del nervio óptico, existen diversos procedimientos láser y quirúrgicos para conseguirlo. Se debe señalar que ninguno de estos procedimientos consigue sanar el nervio óptico dañado, sólo persiguen disminuir la presión intraocular.

El régimen de revisiones y de pruebas médicas será personalizado según el grado de control de la presión, el daño del nervio óptico, otras enfermedades oculares y diversos factores. En estas revisiones se analizará no sólo el adecuado control de la presión ocular, sino la existencia de un posible empeoramiento del estado del nervio óptico o de la función visual. 

4. ¿Cuál es el pronóstico?

A largo plazo, generalmente tiene muy buen pronóstico siempre y cuando se alcance un buen control de la presión ocular y se acuda a los controles que se establezcan.