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Información para pacientes

Ojo seco

Esta información ha sido elaborada por el grupo de Educación en Salud para la Ciudadanía de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI). Pretende que los pacientes conozcan mejor sus enfermedades.

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1. ¿En qué consiste la enfermedad?

El ojo seco, también conocido como enfermedad del ojo seco o queratoconjuntivitis seca, es una enfermedad producida por múltiples causas que se caracteriza porque los ojos no son capaces de producir suficientes lágrimas, lo que produce una alteración de la película lagrimal que recubre la superficie ocular. Esto provoca mayor sequedad e irritación a ese nivel, pudiendo causar incluso daños a nivel de la córnea y la conjuntiva.

La película lagrimal que recubre y lubrica la superficie ocular está compuesta por tres capas, que, de más interna a más externa, son: la capa mucosa, la capa acuosa y la capa lipídica. Para la producción de las lágrimas es necesaria la interacción entre varias estructuras: las glándulas lagrimales, los párpados, y la superficie ocular. Juntas componen la conocida como unidad funcional lacrimal, de tal forma que la disfunción de cualquiera de sus componentes puede conducir hacia la enfermedad del ojo seco. Se estima que lo sufre entre un 5 y un 30% de la población, siendo más frecuente en personas de edad avanzada. Y es uno de los principales motivos de consulta en oftalmología. Las principales molestias y síntomas del ojo seco son: Ardor, sensación de picazón o enrojecimiento en el ojo. Sensación de tener arena dentro del ojo. Excesiva sensibilidad a la luz. Visión borrosa.

El principal motivo del ojo seco, que suele aparecer en personas de edad avanzada, son los cambios hormonales, los cuales provocan que los ojos empiecen a producir menos lágrimas o a que la película lagrimal sea de una calidad inferior. Con el envejecimiento, se atrofian las células que generan la lágrima de forma constante y aquellas que determinan la composición de la película lagrimal, como las glándulas de Meibomio, que se ocupan de producir determinados lípidos que previenen la evaporación de la lágrima. También el uso de lentes de contacto.

2. ¿Podría haberlo evitado, y que debo decir a familiares o amigos para que no le tengan?

La principal medida de prevención es mantenerse alejado de los ambientes secos y de los elementos que irriten los ojos, principalmente el humo del tabaco y el aire acondicionado. En invierno, es recomendable utilizar un humidificador. Hábitos como parpadear más a menudo, descansar la vista periódicamente o limpiar con regularidad las pestañas con compresas calientes se han mostrado eficaces para eliminar o aliviar el déficit de lágrima en los ojos. evitar estar muchas horas con los ojos fijos en una pantalla.

3. ¿Qué puedo hacer ahora para mejorarme?

Acudir al oftalmólogo, que valorará mis molestias. Su diagnóstico no resulta del todo fácil, pues no existen unos criterios diagnósticos bien definidos, ni una prueba analítica o de imagen que confirme su existencia. El diagnóstico del ojo seco se basa en la presencia de síntomas y de una exploración física compatible, y en los resultados de diferentes pruebas diagnósticas, cuando éstos sugieren la existencia de dicha enfermedad. Los exámenes para el diagnóstico del síndrome de ojo seco pueden abarcar pruebas de agudeza visual y la medición del tiempo de ruptura de la película lagrimal, de la concentración de las lágrimas o de la tasa de producción de lágrimas (prueba de Schirmer). El oftalmólogo también suele realizar un examen con lámpara de hendidura y una tinción de la córnea y de la película lagrimal.

Después me indicará qué debo hacer. Dado que la mayoría de las veces no se conoce la causa concreta que lo produce, no existe un tratamiento curativo. Lo que se hace es un tratamiento sintomático, con el que se busca aliviar los síntomas, siendo el tratamiento de elección el uso de lágrimas artificiales, usando estas gotas de 2 a 4 veces al día. En el ojo seco severo puede usarse el suero autólogo que es un colirio que se elabora a partir de la sangre del propio paciente. La sangre contiene una gran concentración de una serie de proteínas que se denominan factores de crecimiento que contribuyen a la regeneración de la superficie corneal, favorecen la viabilidad de las células del epitelio corneal y la desinflamación de la capa más superficial de los ojos. Los componentes, PH y concentración de este suero autólogo son prácticamente los mismos que los de las lágrimas. Hábitos como parpadear más a menudo, descansar la vista periódicamente o limpiar con regularidad las pestañas con compresas calientes se han mostrado eficaces para eliminar o aliviar el déficit de lágrima en los ojos. También puede tomar, siempre bajo prescripción médica, algunos tipos de medicamentos, como antiinflamatorios.

Si el paciente toma medicamentoso usa determinados colirios para la alergia intentar reducirlos, puesto que tienden a resecar más los ojos, empeorando los síntomas del ojo seco.

También se pueden usar unos diminutos tapones especiales, que se colocan en los conductos de drenaje lagrimal, para ayudar a que la película lagrimal permanezca en la superficie del ojo durante más tiempo. Este tratamiento a través de drenajes también debe ser utilizado bajo prescripción médica. La cirugía para el ojo seco mediante la oclusión de los puntos lagrimales, se utiliza solo en situaciones muy graves.

Algunos especialistas sostienen que el origen de los síntomas del ojo seco se encuentra en el hecho de dormir con los ojos ligeramente abiertos. Para solucionar este problema se pueden aplicar ungüentos lubricantes antes de dormir, que son muy eficaces. De cualquier modo, el uso de estos productos debe realizarse siempre en pequeñas cantidades, ya que pueden distorsionar la visión.

Si el origen del problema es que los párpados se encuentran en una posición anormal (entropión o ectropión), lo que es raro, posiblemente la solución ideal sea una pequeña cirugía para devolverlos a su ubicación correcta

4. ¿Cuál es el pronóstico?

El síndrome de ojo seco, por lo general, solamente causa molestias que desaparecen con el tratamiento humectante prescrito por el especialista; en raras ocasiones provoca pérdida de visión.