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Información para pacientes

Tromboembolismo pulmonar

Esta información ha sido elaborada por el grupo de Educación en Salud para la Ciudadanía de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI). Pretende que los pacientes conozcan mejor sus enfermedades.

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¿En qué consiste la enfermedad?

La embolia pulmonar o tromboembolismo pulmonar (TEP) es una enfermedad potencialmente mortal que se produce cuando partes de un trombo se desprenden desde alguna parte del territorio venoso, migra y se enclava en las arterias pulmonares. En la mayoría de las ocasiones, los émbolos proceden de una trombosis venosa profunda de las extremidades inferiores.

Afecta a uno de cada mil españoles al año.

Las manifestaciones clínicas de la embolia pulmonar son inespecíficas, lo que muchas veces dificulta establecer un diagnóstico.

 Algunos síntomas que podrían aparecer son:

  • Es posible que los pequeños émbolos no causen síntomas, pero la mayoría provocan ahogo. Éste puede ser la única manifestación, especialmente cuando no se produce el infarto pulmonar.
  • Con frecuencia, la respiración es muy rápida y puede provocar ansiedad y agitación pronunciadas. En ocasiones el paciente puede manifestar los síntomas de un ataque de ansiedad.
  • Dolor torácico agudo, especialmente cuando la persona respira profundamente (dolor torácico pleurítico).
  •  Los primeros síntomas también pueden ser mareos, desvanecimientos o convulsiones.
  •  Las personas con oclusión de uno o más de los grandes vasos pulmonares pueden tener la piel de color azulada (cianosis) y fallecer de forma repentina.
  • El infarto pulmonar produce tos, esputo teñido de sangre, dolor torácico agudo al respirar y fiebre.
  • En las personas con episodios recurrentes de pequeños émbolos pulmonares, los síntomas como ahogo crónico, hinchazón de los tobillos o de las piernas y debilidad, tienden a desarrollarse de forma progresiva a lo largo de semanas, meses o años.

¿Podría haberla evitado, o que debo decir a familiares y amigos para que no la tengan?

En algunos casos hay factores predisponentes evitables, otras veces hay condicionantes genéticos no evitables.

Entre los factores predisponentes relacionados con el paciente se incluye la edad, los antecedentes de enfermedad tromboembólica previa, el cáncer activo, las enfermedades neurológicas con parálisis de extremidades, los trastornos médicos que requieren reposo prolongado en cama, como la insuficiencia cardiaca o respiratoria, la trombofilia congénita o adquirida, la terapia hormonal sustitutiva y el empleo de anticonceptivos orales.

En la mayoría de los casos, la embolia pulmonar se asocia a factores de riesgo desencadenantes, calificándose como provocada o secundaria. Cuando no se identifican factores predisponentes se denomina no provocada, espontánea o idiopática.

Los traumatismos graves, la cirugía mayor, las lesiones de miembros inferiores y el daño espinal son factores de riesgo mayores para desarrollar esta enfermedad. Otro factor predisponente bien conocido es el cáncer aunque el riesgo varía según el tipo de tumor;  Así, por ejemplo, las neoplasias hematológicas, el cáncer de pulmón, los tumores gastrointestinales, el cáncer de páncreas y los tumores del sistema nervioso central se asocian a un riesgo mayor de complicaciones trombóticas”.

La trombofilia hereditaria aumenta el riesgo de embolia pulmonar: “Las dos mutaciones autosómicas dominantes más frecuentes son el factor V Leiden (que produce resistencia a la proteína C activada) y la mutación del gen de la protrombina (que aumenta la concentración plasmática de protrombina). Las deficiencias de antitrombina III, proteína C y proteína S son mucho más infrecuentes. Además, el síndrome antifosfolípido es la causa más frecuente de trombofilia adquirida y aumenta el riesgo de trombosis arterial y venosa”.

En las mujeres fértiles, el empleo de anticonceptivos orales es el factor predisponente más frecuente. Para las pacientes embarazadas el riesgo mayor se produce durante el tercer trimestre y en las 6 semanas posteriores al parto. La fecundación in vitro también aumenta el riesgo de enfermedad tromboembólica venosa. Por último, en las mujeres postmenopáusicas que reciben terapia hormonal sustitutiva, el riesgo es variable en función de la composición hormonal del medicamento utilizado.

Para su prevención conviene  evitar factores de riesgo, como la obesidad, realizar ejercicio físico frecuente, no fumar, no tomar anticonceptivos sin prescripción médica y prevenir la trombosis en situaciones de riesgo con tratamiento anticoagulante (cirugía, traumatismos, parto, inmovilización prolongada, etcétera).

¿Qué debo hacer ahora para mejorarme?

En presencia de alguna de sus manifestaciones acudir al médico. Valorará nuestros datos y nos explorará. Probablemente indique técnicas diagnósticas combinando  la sospecha clínica, los resultados de la determinación del dímero D en sangre y los hallazgos encontrados en las pruebas de imagen.

En el proceso diagnóstico de la embolia pulmonar existen exámenes generales, como la radiografía de tórax, los gases arteriales y el electrocardiograma, que tienen como finalidad ayudar en el diagnóstico diferencial o sugerir la gravedad del evento. También el médico puede realizar exámenes específicos para confirmar el diagnóstico.

“En el momento actual la angiografía torácica por tomografía computarizada (angio-TC) es la prueba de imagen de elección para el diagnóstico de embolia pulmonar”, confirma un especialista de Separ. “La gammagrafía de ventilación/perfusión ha sido reemplazada por la angio-TC como prueba diagnóstica de elección. Suele reservarse para pacientes con alergia a contrastes yodados, para algunos casos con insuficiencia renal o para mujeres embarazadas con sospecha de embolia pulmonar en las que la ecografía Doppler de miembros inferiores ha sido negativa y siempre que la radiografía de tórax sea normal”.

Verificará el diagnóstico e indicará tratamiento. El tratamiento de la fase aguda de esta enfermedad consiste en el empleo de anticoagulantes, primero por vía parenteral (heparina no fraccionada, heparina de bajo peso molecular o fondaparinux), y después por vía oral, aunque en la actualidad existen nuevos anticoagulantes orales que permiten su administración oral desde el inicio.

“En una minoría de pacientes, habitualmente aquellos que se presentan con una mayor gravedad o que tienen contraindicación para la anticoagulación, pueden requerirse otros tratamientos farmacológicos (trombolíticos) o medidas mecánicas (filtros de vena cava) para acelerar la eliminación del coágulo o prevenir su embolización a los pulmones”

¿Cuál es su pronóstico?

El pronóstico de la embolia pulmonar es bueno si se efectúa el diagnóstico de forma oportuna y el tratamiento es adecuado. Algunos pacientes que han sufrido un episodio de embolia pulmonar desarrollarán hipertensión pulmonar tromboembólica crónica sintomática, lo que ha llegado hasta un 3,8 por ciento. Ese riesgo es mayor y se han superado los 70 años o se es muy joven, ser mujer, presentar una presión sistólica en la arteria pulmonar mayor de 50 mmHg, tener embolia pulmonar masiva o submasiva, así como embolia pulmonar recurrente o idiopática.