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Información para pacientes

Tuberculosis

Esta información ha sido elaborada por el grupo de Educación en Salud para la Ciudadanía de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI). Pretende que los pacientes conozcan mejor sus enfermedades.

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1. ¿Qué es la enfermedad?

La tuberculosis es una enfermedad que en los siglos XIX y XX fue muy frecuente en España y Europa. Con frecuencia los tuberculosos, junto con los leprosos llenaban los hospitales de crónicos y los hospicios, donde eran atendidos por monjitas. Esa situación cambió cuando el microbiólogo alemán Roberto Koch descubrió el germen que la causaba, y al que dio nombre como bacilo de Koch. Comunicó este hecho el 24 de marzo de 1882, por lo que se decidió que fuera el día de la tuberculosis. Entonces era la causa de muerte de uno de cada siete ciudadanos europeos.

La tuberculosis se consideraba una enfermedad de los bohemios, tal vez porque su mala alimentación dañaba sus defensas. La lista de los afectos es muy larga, incluye a escritores como Balzac, Bécquer, Allan Poe, Chejov, Guy de Maupassant, Kafka, Moliere, Rousseau y Voltaire, pero también a pintores como Gauguin, o Delacroix y músicos como Chopin, Boccherini, Paganini o Stravinsky, hay quien se la atribuye a científicos como Cajal.

También ha estado muy presente en las actividades artísticas. Les recuerdo que Violeta, protagonista de la Traviata pasa toda la ópera enferma de tuberculosis.

Suele fijarse en el pulmón, en su zona más alta, lo que llamamos los vértices que es donde acumula más aire, más oxígeno que el bacilo necesita para desarrollarse. Allí destruye la estructura normal del pulmón y produce una cavidad o caverna, donde podía vivir mucho tiempo porque está escondido en las células y los mecanismos de defensa que el organismo pone inicialmente en marcha para defenderse, los llamados de glóbulos blancos o leucocitos no podían comérselo. Al romper el vértice del pulmón es frecuente que el enfermo escupiera sangre, lo que llamamos tener una hemoptisis. Y es habitual que el enfermo tenga fiebre. Al tuberculoso también se le llamaba tísico, término proviene del latín “Phthisis” (consunción).

2. ¿Podría haber hecho algo para evitarla y ¿Qué debo decir a familiares o amigos para que nola padezcan?

Entonces aprendimos que se transmitía fundamentalmente por el aire (vía oro nasal); cuando el afecto la tenía en los pulmones, que era lo más frecuente lo expulsaba con la tos, al estornudar e incluso al hablar (gotas de Flügge) y lo transmitía a los que estaban cerca de él. En general les se entraba por esa vía y luego, una vez dentro de él se extendía por la sangre y los linfáticos. Por ello los enfermos con este problema deben procurar tener una mascarilla, y si nos relacionamos con ellos también nos conviene tenerla nosotros.

Debemos reconocer que ciertas poblaciones tienen más riesgo de padecerla y por tanto de trasmitirla. Eso le sucede a los que están en contacto con tuberculosos, sean sanitarios o vivan en zonas en los que estos enfermos abundan. También los que tienen sus defensas inmunológicas disminuidas, por ej. por padecer SIDA o ser portador del virus VIH. También los usuarios de drogas no autorizadas, por ej. heroína y que se las inyectan.

Otras veces se extiende, causando infinitas lesiones, lo que se conoce como una tuberculosis miliar. O se fija a las cápsulas suprarrenales, que son unas glándulas que tenemos encima de los riñones, y al lesionarlas las hacía insuficientes; entonces el enfermo se nota muy cansado y tiene tensiones arteriales muy bajas. En ocasiones del pulmón pasa a las capas que, en el pecho, en el tórax, lo recubren, afecta a las pleuras, a las que la inflamación puede llenar de líquido que impide la expansión del pulmón y hace que el enfermo note ahogo o fatiga, tenga disnea. También es muy frecuente que el enfermo con pleuritis note punzadas dolorosas en el pecho al inspirar.

Cuando la lesión evoluciona aparecen cicatrices, el pulmón o la pleura se endurecen y no hacen bien su trabajo.

3. ¿Qué debo hacer para mejorarme?

Si he participado de alguna de esas circunstancias o noto alguna de sus molestias, debo acudir a mi médico para que me valore. Muchas veces lo hará realizando me una radiografía de torax. Otras veces pedirá que el microbiólogo investigue si mi expectoración, mi esputo, contiene al bacilo. A veces si eran extraer las secreciones de los bronquios mediante intubación de los mismos, lo que se llama una broncoscopia.

Si he estado en contacto con algún afectado pueden hacerme una prueba cutánea, la llamada de la tuberculina que valora a los tres días de habérmela realizado el grado de respuesta de mi sistema inmunológico frente a un germen dañado que me introdujeron en la prueba, mediante inyección subcutánea en el brazo. Ese médico, habitualmente un neumólogo, me ofrecerá tratamiento. El bioquímico y microbiólogo ucraniano Waksmann, que en 1952 obtuvo el premio Nobel, encontró una sustancia derivada de la bacteria Streptomyces griseus, un antibiótico llamado estreptomicina que era capaz de destruirla. Nacía con él, en 1882 el primer tratamiento eficaz contra la tuberculosis. Hemos sabido que era preciso mantener el tratamiento largo tiempo, varios meses y que los resultados eran mejores si se asociaba a otros fármacos, por lo que usar tres medicamentos se ha convertido en la mejor oferta terapéutica y ha hecho que la enfermedad sea curable. Hoy disponemos de más de diez antibióticos que son muy eficaces. Sin embargo, su mal uso ha traído graves consecuencias en forma de resistencia múltiple que es la principal dificultad para su tratamiento en la actualidad.

 En ocasiones excepcionales los cirujanos de tórax debían abrir el pecho y extirpar parte del pulmón dañado, practicando lobectomías. Hoy eso ya es historia.     

4. ¿Cuál es el pronóstico?

La tuberculosis es hoy una enfermedad curable, y en muchos casos sin dejar insuficiencias o secuelas. Importa, eso sí, seguir las indicaciones médicas y realizar el tratamiento prescrito el tiempo que lo precise. Los controles posteriores son importantes.