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Hemeroteca de la salud: enfermedades

Anemias

¿Qué son y para qué sirven los glóbulos rojos?

Usted sabe bien que su vida depende de que su cuerpo disponga de energía suficiente. Para conseguirla los alimentos que tomamos deben ser quemados en todos los órganos (células) usando el oxígeno contenido en el aire. Este es captado en los pulmones y distribuido por todo el organismo. Esa  labor de reparto  la realizan los hematíes o glóbulos rojos, o mejor la hemoglobina que llevan. Esta es una proteína que contiene hierro, es un pigmento que da a los glóbulos el color rojo que les define y que es capaz de captar el oxígeno de los pulmones y cederlo en las células de los órganos del cuerpo.

Es fácil comprender que si mi sangre no tiene suficientes glóbulos rojos (hemoglobina), no puedo llevar oxígeno a los órganos  y estos van a notar el defecto. Los glóbulos además recogen el anhídrido carbónico que los órganos producen para expulsarlo por el aire cuando espiramos.

Los glóbulos rojos, estos portadores de oxígeno, son células prácticamente muertas, sin capacidad de dividirse o regenerarse. Se fabrican en la parte interna de los huesos largos del cuerpo (médula o tuétano) y circulan por las arterias y venas hasta que se destruyen. Tienen forma de lente bicóncava y además de la hemoglobina tienen un envoltorio o membrana rica en grasas y una serie de sustancias (enzimas) que permiten mantener sus funciones mientras viven (120 días); son muy elásticos y pueden llegar a cualquier parte del cuerpo, por estrecho que sea el camino, es decir los vasos arteriales o venosos por los que caminan, movidos por las contracciones del corazón.

Una persona adulta sana tiene unos cinco litros de sangre, que equivalen a unos 12,5 gr/dl hemoglobina; si tiene menos se dice que tiene anemia.

¿Por qué tenemos anemia?

Las posibles causas son muchas. En más de la mitad de los enfermos se relaciona con pérdidas de sangre. Si el sangrado es agudo, abundante, por un traumatismo, una herida, corte, las perdidas causan una anemia  hemorrágica. La médula de los huesos tratará de compensar la situación produciendo glóbulos rojos más deprisa. Si lo consigue no habrá anemia, si no le da tiempo o no es suficiente la enfermedad aparece.

En otras ocasiones las lesiones sangrantes causan pérdidas repetidas, crónicas, en general no muy abundantes; por ejemplo por la toma de anti inflamatorios que producen gastritis (aspirina o similares), las mujeres con reglas menstruales abundantes, porque el estomago se sube al tórax (hernia de hiato), etc. En ese caso la anemia surge porque el sangrado repetido hace perder los componentes del hematíe, fundamentalmente el hierro. También los déficits de ciertas vitaminas  como el ácido fólico y la vitamina B12 pueden causarla.

Otras veces el enfermo tiene una  inflamación, infección o tumor crónico, que hace que el hierro del cuerpo quede preso en los lugares de reserva o depósito y no pueda ser utilizado para fabricar hemoglobina. En ese caso la médula de los huesos es incapaz de producir hemoglobina en cantidad suficiente. Mucho menos frecuente es que haya anemia porque el enfermo tiene un defecto genético que altera los glóbulos, bien en la hemoglobina (las llamadas talasemias), las membranas de los hematíes o sus enzimas.

¿Cómo lo notamos?

Muchas de las manifestaciones de la anemia pueden confundirse con las de otras enfermedades; otras veces hay anemia y el enfermo no lo nota, se descubre en un análisis de sangre. Los síntomas dependen de la cantidad  de hemoglobina que falta y la rapidez  con que la enfermedad se haya producido. Si es brusca el sujeto tiene una pérdida de conocimiento, mareo, el pulso se hace pequeño y la tensión baja. Si la anemia se hizo durante semanas o meses está cansado, tiene dolor de cabeza o palpitaciones, le cuesta concentrarse, nota falta de aire, tolera mal el esfuerzo, tiene sensación de frío…

Resolver el problema

El diagnóstico de las anemias suele ser sencillo. Acuda a su médico y éste pondrá en marcha las pruebas necesarias para verificarlo e investigará el motivo por el que la anemia se produce. Debe tener la tranquilidad de que la mayoría de los casos pueden tratarse y curarse con facilidad, especialmente las causadas por falta de hierro.

Entonces se administra hierro  por vía oral. Si debe tomarlo, debe saber que se absorbe mejor antes de comer ya que los ácidos del estómago lo facilitan, y también que sus heces se teñirán de un color oscuro, casi negro. Debe tomar hierro bastantes meses ya que su cuerpo no sólo debe fabricar la hemoglobina que le falta sino rellenar los depósitos que de él que tenemos en el organismo. Ah, y debe tratar de encontrar la causa que produjo la anemia y resolverla. Le recuerdo que en muchas ocasiones se debió a tomar medicamentos que han producido erosiones gástricas y con frecuencia lo fueron por iniciativa del propio enfermo. La aspirina es uno de ellos, otros inflamatorios o analgésicos también. No se automedique y si precisa estos productos, debe proteger antes su estómago.

En el caso de pérdidas importantes de sangre o muy agudas se pueden requerir transfusiones. Los glóbulos no se fabrican ni se venden en las farmacias, por ello las donaciones son un bien preciado. Nunca sabemos si un día necesitaremos sangre. Si entonces la tenemos es porque otra persona la dio generosamente. Miles de personas la necesitan cada día. Medite sobre esto.

Vigile su sangre y si le faltan glóbulos rojos acuda a que le busquen la causa y le traten, suele ser fácil resolver la situación.